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viernes, 23 de agosto de 2013

Aprendices y amigos

Peper seguía en una nube desde que la mano de madera se hallaba bajo su guante, las propinas habian aumentado... Pero eso no era suficiente ahora ya sabia cual seria su objetivo en la vida y sin duda su sueño era ser juguetero artesano, como aquel afable señor que le había ayudando tan amablemente.
Lo único que el quería ahora era una forma de ayudar a la gente y lo que se le ocurrió fue sencillo, iria a la jugueteria para que le enseñasen los secretos y el arte de hacer juguetes y de hacer feliz a tantos y tantos niños, de todas las condiciones y razas, tuvieran o no dinero... El solo quería que la gente fuese tan feliz como lo era el.

Estaba asustado, era consciente de que casi era la hora de cerrar y de que tenía que volver para cuidar a los más pequeños de la calle, nadie sabía hacerlo como él.
Cuando la puerta de la tienda se abrió con un sorprendido Humberto al otro lado, Peper estaba de rodillas suplicando su oportunidad:
-Se que no tengo derecho a pediros esto... Que ya me habéis concedido mas dicha de la que merezco por haber sido un mal nacido ladron, pero me gustaría que me enseñaseis vuestro oficio.
Dicho esto, las lágrimas casi escapaban en su rostro. Humberto, le toco en el hombro y dulcemente contestó:
-Yo no soy el rey ni nadie importante... La primera lección es que no es necesario arrodillarse ante nadie. Ven mañana  a las 8 para empezar la instrucción, la paga sera reducida y exigua, pero intentaremos engordarla para que puedas seguir ayudando a tus pequeños de la calle.
Dicho esto se dio la vuelta dejando perplejo a un Peper que no soñó nunca con una suerte tal. Ahora seria aprendiz del mejor maestro de juguetes además... Podría seguir ayudando a las ratillas. Se limpio las lágrimas y corrió a dar la buena noticia a sus compañeros

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El juguetero de la triste figura

Como cada mañana el gigante cuyos ojos se reía  cada vez que un niño se iba iluminando el cuarto con sus sonrisas al escoger uno de sus muñecos, Humberto confeccionaba sus juguetes sin descanso.
El sol iluminaba el escaparate al que cada dia acudían mas y mas niños, y siempre que intuía que alguno de los niños no podía pagar... O simplemente era uno de sus niños especiales, el juguetero les regalaba los muñecos mas maravillosos, hechos y pensados solo para ellos.
Muchas de las ratillas que poblaban las calles recababan en la juguetería un dia u otro y el les buscaba lo mas adecuado para que su vida fuera un poco menos triste, que hubiera algo de calor y risas en sus vidas y no tuvieran que crecer tan pronto... Si por el fuera pondría un orfanato pero lo único que había sabido siempre hacer eran juguetes y así debía seguir siendo. El solo podía ser el creador de los sueños de los niños, y aunque esperaba que cada niño encontrase un destino mejor que el que ahora tenia, contra eso no le dejaban hacer nada.